Me
llamo Susana, estoy casada y tengo dos hijos de seis y cuatro años.
Estudié pedagogía, sicología y música. En estos momentos también estoy
estudiando euskera. He trabajado como docente tanto en educación infantil
como en la universidad, en la detención y tratamiento terapéutico
de problemas de desarrollo a nivel afectivo e intelectual, orientación
psicosocial y profesional. Junto a esto, he desarrollado diferentes
labores como voluntaria dentro de un grupo eskaut, he sido monitora
de confirmación y he llevado la dinámica de una escuela de padres
surgida dentro de un ámbito parroquial.
Lo
que más me atrae de Acción Solidaria ha sido desde siempre la forma
en que se vive la fe como algo que transforma a la persona desde
dentro para ponerla al servicio de los demás y todo esto desde
la vivencia profunda del amor de Dios, que se hace presente en la
vida de cada una de las personas sólo por el hecho de ser personas.
En un plano no menos relevante, está el clima de realización y vivencia
que se da en los grupos, el trabajo apasionado por las cosas y causas
que llevamos entre manos, los profundos cambios personales...
Compagino
Acción Solidaria con mi vida perfectamente. Es sencillo porque mi
experiencia es que recibo mucho más de lo que doy. Mi oración,
mi trabajo por los demás, el tiempo de reuniones, no son una carga
sino algo que me hace mucho más persona, más consciente de la gozada
que es vivir de esta manera, de que, en definitiva, Dios me ha hecho
un gran regalo con esta oportunidad de conocerle y experimentarle
más de cerca. En resumen, para mí ambas cosas no existen por separado:
mi vida es Acción Solidaria y Acción Solidaria es mi vida.
Acción
Solidaria ha aportado a mi vida un profundo sentido, que se traduce
en un sentimiento muy fuerte de sentirme amada por Dios y capaz de
vivir personalmente y transmitir a otros este Amor. Me siento segura
y firme en mis opciones de vida y dispuesta a compartir con los demás
lo que siento y lo que tengo.