El
mundo camina hacia la igualdad del hombre y la mujer. Nos toca empujar
ese proceso, porque es un campo importante de la solidaridad. En
muchos países las mujeres son todavía personas de segundo orden
y en la mayoría quedan obstáculos para su plena igualación. Persisten
también discriminaciones religiosas, en algunas religiones mucho
mayores. Jesús fue una excepción feminista en su tiempo.
Hemos de luchar por cambiar las mentalidades, el lenguaje, las leyes
y la práctica. Necesitamos además un cambio personal.