Nuestra
visión del mundo se centra en los pobres, pues consideramos que
su situación es una herida para la humanidad. Externamente aparece
en forma de desequilibrios, hambre, marginación, violencia y guerra.
Internamente se manifiesta como insolidaridad e injusticia. Los
países desarrollados que provocan o consienten tantos males,
están gravemente heridos en sus valores morales.
A
este problema social lo llamamos pecado, porque destruye la voluntad
de Dios.
Buscamos
la conversión que nos trae Jesús, y entendemos que
esa conversión incluye la movilización para luchar por las transformaciones
sociales y políticas. En un mundo de graves desigualdades e injusticias,
no podemos ser neutrales.