Carta
de Patxi Loidi desde El Salvador (18 dic 2002)
FELICITACION DE NAVIDAD A MIS PARIENTES Y AMIGOS
Antiguo Cuscatlán,18 de diciembre de 2002
Queridos hermanos y hermanas, sobrinos, hermanos-as de comunidad, amigos, compañeros:
Quisiera expresaros mis sentimientos de cariño, afecto y agradecimiento ante las fiestas de Navidad que se avecinan. Entre el vosotros y el ustedes, esta vez he optado distraídamente por el vosotros; y así voy a seguir, con perdón de mis hermanas-os y amigas-os latinoamericanos. El agradecimiento me nace de las ayudas que recibo de vosotros, entre ellas, no sólo económicas, sino también ayudas de aliento, cariño, oraciones y consejo. Muchas veces me digo: ¿Qué sería yo si no recibiera las muestras de amor que recibo continuamente? Por ahí va sobre todo mi agradecimiento.
En la visita que realicé hace meses a Perú, tuve momentos muy buenos de diálogo, entrevistas, reuniones e inauguraciones. Volví contento de la obra que se está realizando allá, tanto en Círculo Solidario como en las comunidades 'Fe y Acción Solidaria'. Quiero enviar un saludo especial a Iñaki por su reciente paso hacia el sacerdocio, a sus cincuenta y cinco años, con la recepción de los llamados 'ministerios laicales', y expresarle al mismo tiempo mi admiración, porque, como él mismo ha confesado en su reciente carta colectiva, nunca había pensado en hacerse sacerdote, cosa que ya me había comunicado repetidamente en años anteriores. También envío un saludo especial a las cuatro vocaciones que se preparan en aquella ciudad y a las dos más que puedan llegar en los meses próximos. Os deseo que vuestro próximo retiro de enero sea muy intenso. Mi saludo también a todo Círculo Solidario de aquella ciudad, que está haciendo un magnífico trabajo.
Hago extensivo el mismo saludo a Miguel Angel, que nos ha mandado una entusiasta carta desde Cebú. Te veo lleno de juventud, con las obras que estáis haciendo, sobre todo entre los becarios, muchos de ellos ya universitarios, y con la nueva vocación adulta que tienes cerca de ti, nuestra hermana Verónica, a la que mando un gran abrazo desde aquí por el comienzo de su año de decisión o noviciado. Dale ese abrazo de mi parte y tradúcele estas líneas.
En mi reciente viaje a Monterrey (México) he agarrado un catarro respetable, quizás porque, además del frío que hace por allá -al que ya no estoy acostumbrado- llevaba alguna cosilla desde aquí. En Monterrey tienen conmigo tantas atenciones y cariños, que me es imposible olvidarlos. Les envío un abrazo muy grande, con mis mejores deseos para estos próximos días. En este viaje visité las dos basílicas de Guadalupe, de México Capital y de Monterrey, y me emocioné bastante ante el fervor de aquellas gentes, muchas de color bastante subido. Dos arquitecturas modernas magníficas, por cierto. Monterrey era una continua procesión aquellos días cercanos a la fiesta de Guadalupe, desde todos los rincones de la ciudad hacia la basílica. Lo que no me ha gustado nada es la barba de la imagen oficial de Juan Diego, ya declarado santo, ni sus dos entrantes de la cabeza, porque los indios e indígenas carecen de barba y tienen un pelo robusto sin entrantes. Y eso que me interesa mucho San Juan Diego, como expresión de la protección de los misioneros a los indios, frente a los excesos de los conquistadores, y como símbolo de la opción preferencial de Dios por los pobres y las víctimas.
Se diría que me olvido de mi gente de Donostia -¡aupa la Real!-, Bilbao, Madrid, Santander, Valladolid y otras partes. No os olvido, como no olvido a otros muchos amigos con los que al menos me carteo. A todos mi felicitación y mi agradecimiento. Y, por supuesto, para todos mi oración, sobre todo en estos días próximos a la gran fiesta. Os recuerdo, y muchas veces hasta os nombro en mi oración.
De aquí os puedo decir que las cosas siguen su curso normal con algunas dificultades. Círculo Solidario sigue creciendo, sobre todo en las obras de infraestructura, mientras los departamentos se han quedado pequeños y necesitan una reorganización. El beneficio que hacemos a la gente con las instalaciones de agua, desagües, electricidad, y con otros servicios de nutrición, salud, educación y promoción personal es muy grande. El número de becarios subirá este año considerablemente, más del doble, mientras seguimos a la espera de nuevas ayudas desde Euskadi. A la comunidad 'Fe y Acción Solidaria' ha venido gente nueva interesante, aunque ha pasado por algunos problemas bastante fuertes y está todavía remontándolos. Hemos iniciado una nueva comunidad cristiana laical a unos 60 Kms. de aquí, en una ciudad pequeña llamada Sonsonate (no sonsonete) y está creciendo a buen ritmo, dirigida por dos jóvenes esposos que fueron a vivir allá: para quienes los conocéis, son Mirna y Aníbal. Y estamos en proceso de formación de 7-8 vocaciones, tres de ellas femeninas, que parecen bastante buenas: próximamente un joven profesional vendrá a vivir con nosotros; el resto tendrá que esperar todavía un tiempo de preparación. Y no he mencionado al grupo 'Jóvenes Solidarios' (15 a 20 años), que también ha pasado por bastantes dificultades, tanto entre los mismos jóvenes como entre sus monitores. En conjunto, ha sido éste un año más bien costoso, salpicado de dificultades procedentes de varias partes. No nos desanimamos por ello, porque así es la realidad de la vida, entre gozos y lágrimas. Lo que más me llena de toda esta vida es la oración larga que hago cada mañana -el momento más gozoso del día- y la labor que se está haciendo con los pobres, labor que ahora dirige mucho más que yo Carlos Urriza. Y en el campo pastoral, las confesiones, en las que sufro y gozo mucho. Un día cada semana paso una cuatro horas confesando en una iglesia, horas que a veces se prolongan hasta cinco. Creo que Dios me ha dado el carisma de escuchar y acoger mucho, pacientemente, sin prisas.
La llegada de la Navidad se me presenta este año como un cielo nuboso, por las noticias que llegan de la situación del mundo. Son muchos puntos oscuros graves y muchas manipulaciones. Hace unos días, cuando leí un artículo titulado 'Las guerras del siglo XXI', mi primera reacción fue decirme a mí mismo: 'No hay nada que hacer; no vale la pena luchar'. El Señor se encargó de que ese no vale la pena durara menos de cinco minutos dentro de mí, aunque me queda el peso de tantas barbaridades y tanto dolor.
Pero no es algo que merezca la pena comentar más en los días anteriores a Navidad. En cambio, quiero comunicaros que he empezado a publicar en la revista de la diócesis unos recuerdos de mis andanzas por las zonas marginales, bajo el título general de 'Historias sin adornos'. Ya he publicado unas diez. Con esta carta os mando dos de ellas, que tienen alguna indirecta relación con la Navidad, porque son historias de niños. Es mi pequeño regalo de Navidad para vosotros.
Con esto me despido. Me gustaría daros un abrazo a cada uno y recibir el vuestro. Que el Señor os bendiga. Y que la Navidad os lleve a ser cada día más buenos. Es lo mismo que deseo para mí mismo: tener un corazón compasivo y ser 'el cura de las misericordias'. Adiós a todos.
PATXI o FRANCISCO
(Al gusto de cada cual)
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