Carta de Miguel Ángel Remírez desde Filipinas (16 dic 2002)

Cebú City, 16 de diciembre de 2002

Queridos parientes y amigos:

Como cada año quiero acercarme a todos y cada uno de vosotros con ocasión de la Navidad. Con muchos de vosotros es la única ocasión del año en que tomo contacto, contacto que sirve para mantener viva la llama de la amistad. Para todos vosotros, para vuestras familias, mi más sincero deseo de felicidad. Que todos tengáis la oportunidad de reencontraros y de disfrutar de la compañía de vuestros seres queridos. Y que el Señor os regale a todos un Año Nuevo que sea de veras Año Bueno. FELIZ NAVIDAD/ MALIPAYONG PASKO.

Año Bueno ha sido para mí el año 2002 que estamos a punto de acabar. Bueno no sólo por la ausencia de enfermedades, fracasos o frustraciones que a todos nos limitan cuando hacen su aparición, sino, sobre todo, por las experiencias positivas de encuentro con la gente con la que me ha tocado vivir y trabajar a lo largo del año.. En primer lugar, quiero recordar con agradecimiento a las personas de Lihuk Panaghiusa (Círculo Solidario) con quienes me toca trabajar día a día programando, ejecutando y evaluando nuestras actividades. Son personas que, a la vez, pertenecen a nuestra comunidad de Acción Solidaria. Qué personas tan generosas! Dan mucho más de lo que está estipulado. Cuántas horas extras sin esperar nada a cambio. Y cuánta disponibilidad para cualquier emergencia. Disfruto trabajando con ellas. Me han apoyado en todo momento. Lo poco o mucho que hacemos se debe, en gran medida, a ellas.

El trabajo con la comunidad de jóvenes universitarios de Acción Solidaria ha sido otra fuente de gratificación. Casi todos ellos son becarios de Lihuk Panaghiusa. Algunos de ellos los conozco desde cuando eran estudiantes de Primaria. La mayoría entraron en contacto con nosotros en Bachillerato. Con el paso de los años han madurado. Quienes hace tan sólo cinco años recibían catequesis y apoyo escolar, ahora la dan y tienen a su cargo chavales de primaria a quienes ayudan. Hasta hace muy poco se avergonzaban de hablar en público, ahora son capaces de preparar un informe, dirigir asambleas de barrio, y trasladar su opinión al capitán de barrio (alcalde de distrito). Viéndolos trabajar tengo la impresión de que algo ha cambiado y de que el trabajo de los pasados años no ha sido en vano.

El pasado 29 de septiembre inauguramos el Centro de Acogida para Chicas "Nuestra Señora de la Solidaridad". Fue un proyecto largamente soñado aunque la iniciativa en este caso no fue mía sino de nuestra asistente social Myrna Galia. De este proyecto hablé con muchos de vosotros durante mis últimas vacaciones en España. Ya es una realidad. En este primer año hemos acogido a cuatro chicas de entre 16 y 18 años. Myrna vive con ellas. Para mí, que he pasado un tercio de mi vida aconpañando a y viviendo con chavales y jóvenes con problemas familiares, ha sido una gran satisfacción poder ayudar a jóvenes filipinas con semejantes problemas.

La mayor satisfacción del año está todavía muy fresca y tuvo lugar el pasado día 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada. Dicho día, Verónica Cabales, filipina de la isla de Leyte, 35 años y profesora de religión en una universidad privada durante los últmos tres años, comenzó lo que podemos llamar la etapa de noviciado en Acción Solidaria. Después de muchos años de espera, por fin se va consolidando la primera vocación filipina para Acción Solidaria. La celebración de entrada estuvo cargada de emoción por la presencia de familiares y amigos y por las numerosas intervenciones de los participantes. Para mí fue un día de gran alegría teniendo en cuenta que conozco a Verónica desde que era estudiante universitaria en Cebú y colaboró con nosotros como voluntaria. En este momento hay una universitaria de 18 años viviendo con ella y haciendo una experiencia vocacional temporal. Hay otras chicas que, en corto plazo, pueden iniciar una experiencia semejante.

La colaboración de todas las personas a las que hago referencia (Verónica, Myrna, Adel, los responsables de Lihuk Panaghiusa, los jóvenes universitarios de Acción Solidaria) están potenciando nuestra presencia entre los pobres y la hacen más eficaz. Hasta ahora no había mencionado a los pobres, pero no están olvidados porque los pobres somos nosotros. No necesitamos ir lejos para conocer como viven los podres; basta entrar en la casa de cualquiera de nosotros. La pobreza nos hace sufrir porque nos limita en muchas de nuestras aspiraciones: comida diaria, techo digno, educación para nuestros hijos, salud, oportunidades en la vida. La pobreza y la falta de atención de su familia (sin padre y madre drogadicta) mató hace un par de meses a Gerald cuando acababa de estrenar 12 años. La misma falta de atención y el riesgo constante a sus personas y a su futuro nos ha movido a acoger a sus dos hermanas gemelas de 17 años en el Centro de Acogida para Chicas. La pobreza hubiera matado a Teresita, vendedora de trapos en la calle, si no la hubiéramos pagado los medicamentos durante su enfermedad. Sus tres niños de corta edad la necesitaban. La pobreza de la familia Dacles, 8 hijos y el padre en la cárcel, nos duele y nos moviliza a ponernos en contacto con el juez que lleva el caso para buscar una salida a la hambruna de tanto hijo. Nos sentimos también hermanos de dos de nuestros becarios cuyo padre está semiparalizado desde hace dos años y buscamos un voluntario que le pueda proporcionar fisioterapia gratis. Estas y muchas otras situaciones nos duelen y nos movilizan. Sus sufrimientos y angustias son nuestros. No podemos permanecer inactivos, sería negarnos a nosotros mismos. Sería negar la Navidad que anunciamos estos días.

Pero los pobres no sólo nos producen dolor; también gozo, mucho gozo y son, con frecuencia, fuente de inspiración. Me siento feliz cada vez que visito las familias de nuestros becarios y compruebo que la mayoría de ellos van mejorando, año tras año, sus condiciones de vida. Les felicito y les animo a seguir en esa línea. A pesar de que la pobreza hinca hondo sus dientes en muchas familias, es admirable constatar el gran esfuerzo que muchos padres (madres especialmente) que trabajan diez y doce horas diarias fuera de casa para sacar adelante su familia. Para quitarse el sombrero es el ejemplo de una de nuestras becarias de 12 años (la hija de Teresita mencionada en el párrafo anterior) que durante las casi dos semanas de hospitalización de su madre, y estando ella misma enferma con viruela, se responsabilizó de sus dos hermanitos más pequeños y de su padre enfermo mental realizando todas las tareas de la casa (limpieza, cocina, lavado de ropa, etc). Robert, otro de nuestros becarios, tiene 13 años, pero aparenta 10. La falta de alimento y de afecto no le ha permitido crecer más. Vive con una abuela. En su tiempo libre recoge lo que puede (latas, botellas, papel) para añadir unos pocos pesos más a la magra economía de la abuela. Es un raro ejemplo de niño feliz. Estos casos nos animan a seguir trabajando con ellos (son ya parte de la familia de Acción Solidaria) sin quejarnos de la falta de descanso. ¿Tendríamos derecho a quejarnos viendo cómo trabajan ellos? Podría mencionar muchos otros ejemplos, pero me alargaría. Basten estos casos como botón de muestra. Estos casos hacen que la Navidad sea una buena noticia y no sólo una celebración del pasado.

Queridos familiares y amigos, os dejo ya, no sin antes desearos muy de veras que hagáis de vuestras vidas buenas noticias para otros. Encontraréis el camino de la felicidad. ZORIONAK/FELIZ NAVIDAD para todos. Un fuerte abrazo. Os quiere,

Miguel Angel Remírez

 

 

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