CATEQUESIS DE LA NAVIDAD

La Navidad

- Según el calendario litúrgico es la Natividad del Señor o celebración del nacimiento de Jesús, Salvador del mundo. El sentido de la fiesta litúrgica navideña lo dan los relatos evangélicos de la infancia que nos hablan de la presencia del Dios cristiano entre nosotros. Para el cristianismo vivido en comunidad es comienzo del evangelio, proclamación del evangelio, proclamación de justicia, fraternidad y libertad.

- Para el calendario religioso popular es una fiesta entrañable, sensible y bulliciosa, contrapunto de los viernes santo, que festeja el nacimiento del Hijo de María como niño-Dios en el portal de belén, a cuya imagen se besa y se le cantan villancicos.

- Para el calendario comercial, la Navidad es una fiesta predominantemente familiar. Da lugar a iluminaciones públicas, ventas abrumadoras, felicitaciones con tarjetas apropiadas, intercambio de regalos, programas televisivos especiales, salas de fiestas y cenas suculentas. En los días navideños coincidentes con los finales del año civil, se desorbita todo; se acumula tanto en tan pocos días que corremos el riesgo de sentirnos tan abrumados y aturdidos que perdamos el sentido de aquello que queremos en verdad celebrar.


El sentido de la Navidad

- La Navidad aparece como cristianización del solsticio de invierno (a partir de este momento, el sol comienza a crecer), ya que Cristo es "el sol de justicia", "astro que nace de lo alto", o "luz para alumbrar a las naciones".

- La Navidad conmemora el nacimiento histórico de Jesús, es decir, celebra el misterio de Dios hecho hombre. El Verbo adquiere la experiencia humana de la compasión o solidaridad. La encarnación de Jesús es "abajamiento" que termina con la muerte, inicio de su retorno glorioso al Padre. La Navidad es el primer capítulo de la Pascua que nos descubre a los creyentes quién es Jesús y cuál es su buena noticia.

- El primer mensaje de la Navidad es la entrañable humanidad de Dios, el Dios con nosotros revelado en Jesús o el misterio hecho hombre. El segundo mensaje, consecuencia del primero, es la divinización del hombre en virtud de la fecundidad de la sombra del Altísimo "Dios se ha hecho hombre para que le hombre se haga Dios". Como consecuencia de este admirable intercambio, toda la creación está en trance de ser recreada: la naturaleza es buena en su ser profundo y la historia cobra sentido con la gloria de la resurrección de la pascua, que es la nueva natividad. La Navidad es la fiesta del optimismo cristiano respecto de la humanidad y del mundo.

- La Navidad cristiana nos muestra la pobreza en la que se encarna Dios y nos invita a compartir nuestros bienes con los mas necesitados. Manifiesta que Dios se ha hecho semejante en todo a los hombres y ha dado a conocer la benignidad y el amor entre nosotros. Ante la grandeza del misterio de Dios encarnado, la actitud de la Iglesia y de los cristianos es de admiración, alabanza, contemplación y agradecimiento

La celebración de la Navidad

- Una primera condición cristiana para celebrar la Navidad es la voluntad personal y comunitaria de vivir el misterio de esta fiesta a la luz de la fe, en un clima de sosiego y de paz. La segunda es tomar conciencia de lo que significa profundamente la Navidad, a saber, la manifestación de Dios hecho hombre o el nacimiento entre nosotros de Jesucristo. La tercera reside en asumir la realidad festiva humana, social y familiar del fenómeno de las Navidades.

- En la liturgia del ciclo de Navidad, se leen los dos relatos evangélicos de la infancia desde el 25 de diciembre al 6 de enero. Fueron escritos por Lucas y por Mateo. Su objetivo es el crecimiento de nuestra fe y piedad, no la mera satisfacción de la curiosidad.
- Lo que ocurrió a Jesús en su vida pública, se observa ya en la infancia: es aceptado por los sencillos (pastores) y extranjeros (Magos) y es rechazado por los poderosos (Herodes). Jesús es Hijo de Dios pero nacido de mujer; es pobre de bienes y rico de Espíritu; es obediente y es libre: profeta del Altísimo, Mesías o Cristo anunciado, Primogénito, Hijo de Dios, Salvador, Señor.

- En realidad son relatos secundarios redactados con un género literario distinto del resto de los evangelios. No se pueden tomar ni al pie de la letra ni como textos legendarios. Pertenecen al género rabínico del "Midrash", a saber, son composiciones libres sobre un hecho o sobre una persona con la intención de recalcar su entronque con la voluntad de Dios. A los evangelistas les preocupa comunicar quién es Jesús, cómo nace, dónde nace y de dónde es.


1) La Natividad del Señor

Lecturas: Is 52, 7-10
Hb 1, 1-6
Jn 1, 1-18

Primera lectura: Is 52, 7-10

El destierro coloca al conjunto del pueblo en un horizonte alejado de la capital, Jerusalén. Los vigías en lo torreones personifican la esperanza en el regreso: la ciudad está vacía y espera con ansia el regreso de los hijos. A lo lejos un mensajero corre a traer la noticia; su modo de correr delata alegría: Dios es el rey que ha conseguido la victoria para su pueblo. Jerusalén estalla de alegría y entre sus cantos distingue ya al pueblo que vuelve, que es como ver la llegada del Señor triunfante


Segunda lectura: Hb 1, 1-6
La Carta a los Hebreos es un escrito bien estructurado, dirigido a unas comunidades cristianas de origen fundamentalmente judío, que, después de los primeros fervores de su conversión cristiana, habían caído en una situación de desencanto y habían empezado a añorar la grandiosidad litúrgica del viejo esplendor del templo judío comparado con la modestia de las liturgias domésticas que celebraban los cristianos. Así se comprende que se presente a Jesús en toda su grandeza celestial y se hable de él como del único gran mediador entre Dios y los hombres.

En el trozo que hoy leemos de esta carta se nos dice que en tiempos pasados Dios dispensó su revelación, valiéndose de los distintos profetas y de los patriarcas del Antiguo Testamento. Pero Cristo es la última palabra de Dios y es inútil buscar a Dios si no es partiendo de Cristo y de su mensaje evangélico.


EVANGELIO: Jn 1, 1-8

El prólogo del evangelio de Juan es la profesión de fe de su comunidad; resume en pocos trazos la realización del proyecto creador de Dios, que abre una época nueva en la historia humana.

En medio de la antigua humanidad se presenta Juan, mensajero enviado por Dios para dar testimonio a los hombres acerca de la luz/vida. La luz verdadera se opone a las luces falsas o parciales, cuyo prototipo había sido la Ley. La luz no sólo brilla sino que ilumina, llega y pretende comunicarse a todo hombre, Pero la humanidad no reconoció el proyecto ni hizo caso de la interpelación; dominada por las ideologías contrarias a la vida, se negó a responder al ideal al que estaba destinada por la creación misma.

En paralelo con la llegada de Juan Bautista, está la de Jesús. El es el Hombre-Dios, el proyecto realizado, la palabra creadora, la vida y la luz. Su presencia histórica se verificó en su propio pueblo, pero aquél pueblo no lo aceptó.

2) La Epifanía del Señor

Epifanía significa revelación, manifestación. La manifestación de Dios es revelación a través de las cosas sencillas, en consonancia con el evangelio, dentro de un clima de confianza y esperanza, para que la vida sea más humana y más justa. El centro de la Epifanía es la revelación de Jesús como Salvador, que está en la periferia, en el exilio en el mundo ignorado, en los pobres, en los marginados. Para descubrirlo y adorarlo se nos exige una toma de decisión, ponernos en camino y llegar hasta el Señor.

La fiesta de reyes es Epifanía de un niño adorado por los magos que representan al mundo pagano, a los extranjeros (universalización de la salvación). Los magos se ponen en camino y retornan por otra senda (conversión y cambio de conducta). Son guiados por una estrella (luz que proviene de Dios). Dan lo mejor de sí mismos. Pero también es Epifanía de un niño temido por los poderosos, los que están en los centros de poder y de dinero, que se sienten salvadores cuando en realidad son dominadores y no se arrodillan ante Dios porque se idolatran a sí mismos.


Lecturas: Is 60, 1-6
Ef 3, 2-3a.5-6
Mt 2, 1-12

Primera lectura: Is 60, 1-6

Este capítulo contiene uno de los poemas mas entusiastas del libro, enmarcado en el tema de la luz. Es de noche, un vigía anuncia la llegada de la aurora. Los primeros rayos dan sobre la ciudad, edificada sobre el monte; más tarde inundará el valle. En ese momento se descubre un rio de pueblos que vienen a reunirse en la ciudad del Señor. La mención del oro, incienso y alabanzas corta el poema hoy, por el inmediato recuerdo de los magos de oriente, pero el poeta sigue citando la gloria de este día sin ocaso que trae a todos los pueblos la justicia y la paz.


Segunda lectura: Ef 3, 2-3a.5-6

Aquí el autor de la carta, acudiendo a su condición de miembro destacado de la escuela paulina, imagina la presencia de Pablo a través de sus líneas. Y así aparece que Pablo, el antiguo fariseo de derechas, reconoce que la "gracia" que le ha sido encomendada es precisamente el hacer tabla rasa del nacionalismo judío y dirigirse a pecho descubierto a los gentiles. En efecto, no podemos olvidar que en todo proceso revolucionario hay siempre un "traidor" o sea, uno que, saliendo de su propia estructura y utilizando todos los medios y pertrechos que esta condición le ofrece, se ha dirigido al campo contrario.

Pero para Pablo esta "traición" no ha sido una opción suya sino una "gracia", un don gratuito de Dios. Esta tarea consiste en anunciar al mundo que ya no existen monopolios de Dios a favor de ningún pueblo, de ninguna comunidad cultural, de ninguna tradición histórica por venerable que sea.

EVANGELIO: Mt 1, 1-12

Se señala el lugar de nacimiento de Jesús (Belén de Judea) y la datación aproximada: en tiempo de Herodes el Grande, muerto en el año 4 a.C. Los magos eran astrólogos orientales que pretendían leer el destino anunciado en los astros. Van a Jerusalén a rendir homenaje al nacido rey de los judíos, considerándolo rey universal.

Los judíos no se han percatado del nacimiento de Jesús, los paganos sí; el evangelista insinúa ya la futura respuesta de los paganos al mensaje de Jesús. Al tener noticia de lo que sucede, Herodes identifica al niño con el Mesías esperado y consulta a los expertos. Los jefes del pueblo, que citan la profecía, no manifiestan reacción alguna ante lo que acontece; su saber sobre el Mesías es meramente teórico. No les interesa la liberación.

Los magos vuelven a ver la estrella, que es figura del rey nacido y los guía al lugar donde este se encuentra. A pesar de la oposición de los poderosos, el designio de Dios va adelante.

 

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