DIOS NO LLAMA A LOS BUENOS

Supongamos por un momento que tú eres Dios.
¿A quién llamarías tú para extender tu mensaje?
Probablemente tú elegirías al mejor y le rodearías de otras personas buenas. Elegirías a todos los buenos que pudieras y los enviarías al mundo. Cualquiera de nosotros haría eso.

1. El encuentro con Zaqueo.

Pues bien: Dios no obra de esa forma. Dios no elige a los buenos. Dios elige... a los malos. ¿Chocante? Pues sí. Pero vamos a verlo con detenimiento. La Biblia nos lo va a explicar y vamos a tomar un caso muy concreto.

ZAQUEO. Es un hombre pequeño, pero ladino. Tiene un puesto muy bueno para hacer dinero. Es nada menos que cobrador de impuestos. Y, por supuesto, puede robar y roba. La gente le odia, como a todos los cobradores, porque son personas que están con el bando dominador, los romanos. Y cuando los ven, se apartan de ellos, Era, pues, un hombre, demás de odiado, marginado. Era una de esas personas fichadas públicamente.

Resulta que Zaqueo se entera de que viene a la ciudad de Jericó un hombre de cierta fama llamado Jesús. Tiene ganas de verle. Nada más que curiosidad. La gente se ha apiñado en la calle y él, como es pequeño, no puede ver a Jesús. Lo soluciona subiéndose a un árbol. Allá lo tenemos a nuestro hombre, mirando a Jesús que llega rodeado de discípulos y seguidores.

Pero he aquí que, al llegar a su altura, Jesús le ve. Lo mira con más detenimiento y tiene una ocurrencia rarísima. "Oye, Zaqueo, ¿qué te parece si hoy me hospedo en tu casa?"

Era lo último que se esperaba Zaqueo. Pero se rehizo y bajó rápidamente del árbol. Y era también lo último que se esperaba la gente. Pero ¿cómo se le ocurre semejante cosa? ¿No sabe quién es Zaqueo? La gente se puso a hablar más contra Jesús. A nadie le cabía en la cabeza que Jesús fuera a comer a casa de semejante indeseable. Pero Jesús, impertérrito. Por supuesto que en Jericó había gente superbuena y superhonrada a cuyas casas podía haber ido, y se hubieran visto muy honrados con su visita. Pero no.

Y ocurrió lo que nadie hubiera imaginado. En medio de la comida, Zaqueo se puso muy serio y le dijo a Jesús: "Oye, yo... he robado bastante. Pero todo esto va a cambiar. Voy a devolver a todos los que he robado y además les voy a dar un tanto más..."

Jesús estaba también emocionado y le dijo: "Tú también eres hijo de Abraham..."

Esto es lo que ninguno de nosotros hubiéramos imaginado: Jesús yendo a comer a casa de un ladrón público. Ninguno de nosotros tendría una ocurrencia semejante. Ninguno de nosotros, los que leemos estas páginas, tiene la idea de llamar a prostitutas, a ladrones, a gente más vista... Pero Dios hace esto. Así obraba Jesús. Jesús revela los caminos de Dios.

Si fuera un caso aislado dentro de la Biblia, podríamos pensar que Dios quiere dar una oportunidad también a los indeseables. Pero resulta que no es un caso aislado. Resulta que es lo más ordinario. Dios llama a los malos. En la Biblia se dice a los "pecadores". Y Jesús lo dice expresamente:
v Yo no he venido a buscar a los justos, sino, a los pecadores.
v Yo no he venido a buscar a los buenos, sino, a los malos.

Y tú piensas: "Bueno, porque los buenos no lo necesitan...." Esto es le que tenemos que ver. A ver si es porque los buenos no lo necesitan... Vamos a ver qué explicación nos da el mismo Dios.

2. El caso de Jefté

Pero antes, recordemos otros casos. Por ejemplo, JEFTÉ, que llegó a ser gobernador o jefe de Israel. ¡Menuda pieza! Para empezar, era hijo de una prostituta. Y todos lo sabían: Y le despreciaban. De tal forma que sus hermanastros, los hijos que había tenido su padre con su propia mujer, lo echaron de casa. Jefté, abandonado de todos, no tuvo más remedio que irse y se hizo bandolero...

Este es el hombre: un bandolero, un salteador, el elegido por el pueblo de Dios para sacarle de apuros y gobernarle. La Biblia suaviza esta realidad diciendo que era valiente guerrero, etc. Pero ahí está el hecho, para que lo meditemos nosotros.

Más de uno de lo que estáis aquí y otros que no han venido, han pensado. "Yo ¿qué voy a ir a esas casas?" Pero Dios resulta que te llama, y también llama a esos que no han venido. Ojalá vengan: Quizás vosotros los podáis traer si les contáis lo que estáis oyendo hoy.

Pero vamos a explicar un poco más lo que significa todo esto. DIOS NO LLAMA A LOS BUENOS. ¿Qué significa esto?

3. Dios llama a todos

ANTE TODO, SIGNIFICA QUE DIOS LLAMA A TODOS.

En principio, para Dios no hay BUENOS Y MALOS como para nosotros. Para Dios hay HIJOS, eso es todo. Y lógicamente, los quiere a todos y llama a todos.

Para empezar, aquí tenemos la primera explicación: Dios no hace discriminaciones; no distingue demasiado entre buenos y malos; llama a todos sin excepción. Una mentalidad completamente diferente de la nuestra...

Es algo parecido a lo que le ocurre a una madre o a un padre. Los que tenéis hijos lo podéis entender un poco. Si un hijo sale torcido, los padres lo reconocen pera añaden: "Es cierto, pero tiene buen corazón, en el fondo es bueno". Pues algo así pasa con Dios, pero mucho más...

Y no le importa demasiado que no le reconozcan expresamente a él. Le importa que la persona se desarrolle y crezca, que sea auténtico y feliz.

Pero todavía hay más: PARA DIOS EL PASADO NO CUENTA.

4. El pasado no cuenta

Dios te llama hoy. Tú respondes. Y del pasado no se supo nada. A lo mejor tú traías una explicación. "Es que yo, no sé si sabrás, he sido..." Es lo que le ocurrirá a Pablo. Se encontró con que Dios le llamaba, y empezó a dar explicaciones. "Mira, es que yo estoy encarcelando a cristianos..." Y Jesús le repetía: "Camina hacia delante, camina hacia delante..."

Es decir: No te preocupes de lo que has sido hasta ahora, de lo que has hecho. Dios no lo tiene en cuenta. Los que lo tenemos en cuenta somos los hombres. Nosotros sí. Viene un tío indeseable a una asamblea de éstas y enseguida nos ponemos en guardia. A lo mejor va alguno donde los organizadores y les dice: "¿Ya sabéis con quién os estáis juntando? Pero si ese tío tiene un fulana y lo sabe todo el mundo..." Pues Dios, ni caso. Dios te llama hoy y no le importa lo que hayas sido hasta hoy.

Él te pregunta: "Hoy ¿cómo respondes? ¿Estás dispuesto? Adelante". A lo mejor tú le dices: "Mira, es que yo he hecho, he sido..." Y él te responde: "Calla. No mires atrás. Adelante". Tú te quedas parado y casi no te lo puedes creer. Pero él te toma de la mano y camina contigo.

A lo mejor resulta que no puedes seguir su marcha. Él te dice: "Bueno, no te preocupes; marcha a tu paso, yo me acomodo a tu paso". Tampoco te exige que camines de golpe. Te pide que camines lo que puedas. Y del pasado, no se hable más.

Así que la casa de Dios está llena de sinvergüenzas y maleantes:
v Ese tío que fue un sinvergüenza...
v Ese tío que fue un mujeriego...
v Ese que fue un ladrón y un aprovechado...
v Ese que fue un chaquetero y se unió a los que mandaban.

A Dios no lo importa la historia personal de cada uno. Es decir:
v No es como nosotros.
v Te casas con un ex ladrón,
v o con una fulana,
v o te haces socia de uno de la dictadura...

Todos empiezan a murmurar y hasta se apartan de ti: "¡Hay que ver, con la historia que tiene ese tío"!.

Dios dice: "Tú ¿estás dispuesto a oírme aunque tengas que caminar poco a poco? A mí el pasado no me importa"
v Esto te dice a ti en este momento. Y a ti, y a ti, y a ti...

5. Jesús no quiere a los buenos

Todo esto es tremendo y casi no nos lo podemos creer. Pero todavía hay más. Y es que A LOS BUENOS NO LOS QUIERE.

Así, como suena. No los llama. Jesús lo dijo claramente: "No he venido a buscar a los buenos, sino a los malos".

Pero tanto, tanto, tanto ¿no resulta un poco raro? Por supuesto. A ver si entendemos lo que quiere decirnos Jesús.

Jesús dijo esta frase con una gran ironía. Jesús sabía que NADIE ES BUENO. Todos hacemos muchas cosas mal. Y sobre todo, tenemos maldad en el fondo, en el corazón. De ahí salen todas las cosas malas que pensamos y hacemos, como explica él mismo.

Pero muchos hombres se creen buenos. Y por eso mismo están INCAPACITADOS para oír a Dios. Por eso, Jesús con mucha ironía dice: "He venido a buscar a los malos". Es decir, a todos porque todos somos malos. Pero a los que se creen buenos, a los que nos creemos buenos, la palabra de Jesús no inquieta y molesta.

El bueno no quiere ayudas, no las necesita, las rechaza. Se siente humillado si le decimos que a ver si necesita ayuda para mejorar. Él es bueno.

En tiempo de Jesús, había hombres de éstos, los fariseos. Cumplían la ley lo mejor que podían. Y se creían perfectos. La ironía de Jesús se dirigía sobre todo a ellos.

Hoy en día también hay muchos hombres parecidos, entre los de misa y entre los que no van a misa; entre los cristianos y entre los no cristianos. Muchos que se creen buenos; muchos que tienen el corazón manchado y sin embargo se presentan como perfectos, y se engañan a sí mismos. A todos éstos, DIOS NO LOS LLAMA.

Y a ti tampoco, si eres de ellos. ¿Eres bueno? Estás perdido. Mejor que no sigas viniendo a estas reuniones. Bueno, sigue, para ver si descubres que no eres tan bueno...

Ya veis. Dios llama a todos. Pero el "bueno" no puede oír. Él es bueno, es mejor que otros, acusa a los malos, se aparta de ellos, los desprecia... Todos recordamos la parábola del fariseo y el publicano. Lo que el fariseo decía en su oración -que cumplía todo perfectamente- no es que fuera mentira: era la purísima verdad. Pero no miraba su corazón cargado de soberbia, de superioridad, de desprecio al prójimo. También él era pecador y no lo veía. Era tan pecador como el publicano...

Así hay muchos también hoy.
v En casa, ideales.
v Nunca hacen mal a nadie.
v Para colmo, son tíos comprometidos, serviciales...
v Pero, si rascamos un momento hasta el corazón...

El hecho tremendo es éste: A los buenos, Dios no los llama. Muchos cristianos que tienen a gala el ser y aparecer como perfectos, están incapacitados para oír a Dios.

6. Dios llama a los malos

Pero todavía más. DIOS LLAMA A LOS MALOS. A los malos sí que los llama. Los llama sin cesar. Y muchos oyen su voz y, con una enorme alegría, van a su casa y forman parte de la comunidad de Dios. Con Jesús pasaba esto: todos los marginados se sentían felices porque él los llamaba y los admitía en su compañía. Hoy pasa lo mismo.

Nosotros vamos a formar la comunidad cristiana de los malos, la iglesia de los malos, de los "pecadores", de los que necesitan conversión y cambio y perdón... Una comunidad no de santos, sino de hombres normales que necesitan mejorar constantemente sin parar.

Y esto durante toda la vida. Nunca seremos un grupo de perfectos, porque siempre aparecen fallos, faltas; siempre habrá necesidad de cambiar, de avanzar, de limpiar sobre todo el corazón...

Antes decíamos que a Dios no le importa la vida pasada de una persona cuando llama a uno: le interesa que éste responda en el momento presente con lo que es y tiene.

Ahora añadimos esto: la comunidad de los amigos de Dios está formada por gente imperfecta, débil, que va avanzando constantemente hacia Dios.

Todos recordamos la parábola de los convidados a las bodas. Los primeros invitados eran gente buena e importante. Y no hicieron caso a la llamada, porque tenían cosas más importantes que hacer. Y entonces el rey -imagen de Dios- llamó a todos los pobres, enfermos, inválidos que encontró por la calle... Y se llenó la sala del banquete. Y hubo una gran fiesta.

Esto es lo que les dice san Pablo a los de Corinto: "Mirad quiénes habéis sido llamados: no hay entre vosotros mucha gente importante, no hay santos..."

Y así fue en realidad: los primeros cristianos, que se extendían de día en día por todos las ciudades del Mediterráneo, eran gente muy vulgar, no eran santos ni mucho menos. Estos son lo caminos de Dios.

7. El "misterio" del amor de Dios

Este es el "misterio" de Dios. Decimos "misterio" porque muchas cosas de Dios nos resultan extrañas, muy diferentes de lo que nosotros pudiéramos imaginar.

A la gente sencilla, a los pequeños, a los que reconocen que tienen muchos fallos y no son perfectos, todo esto los entusiasma, les anima y son capaces de seguir la llamada de Dios en su misma debilidad.

En cambio, a los grandes y que se creen perfectos , todo esto no les gusta, les produce rechazo, les "revienta". Ellos son mucho más importantes, no son malos ni imperfectos. No quieren ver el fondo de su corazón donde nacen las semillas no muy buenas... Se rebelan contra este modo de actuar de Dios. Y en definitiva, no oyen su llamada.

Ellos verán... Ojalá recapaciten y sean más humildes. Les cuesta porque son como el hermano mayor del hijo pródigo. Recordemos su reacción. Se enfadó porque el Padre había aceptado al pequeño sin reñirlo y encima había preparado una fiesta por su vuelta. Y no quería entrar al banquete. "Tantos años que llevo trabajando en casa y cumpliendo todo perfectamente y nunca me has dado ni un cabrito... Y a ese hijo tuyo que es un miserable, le preparas una fiesta porque ha vuelto..."

Él era bueno, cumplía con todo, pero era un soberbio, y un despectivo para con su hermano. Ni siquiera le llama "hermano", sino que dice: "Ese hio tuyo..." Estaba lleno de soberbia y de egoísmo. Estaba en casa, pero, más que un hijo, obraba como un asalariado. No podía comprender a su padre...

Ojalá nosotros entendamos el mensaje de Dios. Creo que sí. Oiremos su mensaje y entenderemos su modo de proceder. Y seguiremos su llamada con alegría... Que así sea...


A materiales...