Carta
de Patxi Loidi desde Filipinas (14 dic 2001)
Feliz Navidad y prospero año nuevo
lleno de amor y de gracia de Dios
PATXI LOIDI - PADRE FRANCISCO
Queridos parientes y amigos: Mi nombre se ha convertido en un pequeño
problema. Para unos soy Patxi, para otros el Padre Patxi y para otros el
Padre Francisco. Para complicar un poco más la cosa, hay quien escribe
Patxi y quien escribe Pachi, con tx, como en vasco, o con ch. Y no falta
quien dice y escribe Padre Fran. Así que, tratándose de una
carta colectiva, que va a ir a muchas amigas y amigos, no hay mejor solución
que tomárselo con humor, firmar de dos modos y dejar que cada cual
me llame como le guste.
Bueno, y la felicitación de Navidad ¿qué? Está puesta en el encabezamiento. Yo deseo navidades de amor más que de consumo y navidades de mucha gracia de Dios. Lo demás no me interesa. Imagínense ustedes: la prensa de aquí está sacando cuadernillos complementarios de Navidad sin cesar, todos de consumo, para esa parte de la población que puede celebrar navidades de esa índole. Aquí, en las navidades, unos gastan como en el primer mundo y otros siguen oliendo eso que no se puede nombrar, como cualquier otro día. Ayer estuve en la comunidad Peralta y en las oficinas que tiene la alcaldía para esa zona. Hicimos una buena reunión con un encargado del distrito. Tenemos bonitos proyectos para esa comunidad. Nos coordinamos con otras dos organizaciones. Después llevé la comunión a un viejito que no puede ni hablar y a una viejita que apenas se levanta de la cama. ¿Qué cómo son sus casas? Bueno, llámenlas casas, si quieren: son indescriptibles. Pero yo estoy a gusto ahí, porque sé que es donde más está Dios, más que en las iglesias y conventos. Por cierto, si ustedes quieren estar muy cerca de Dios, vayan a esos sitios o a otros parecidos. Volví contento. No voy a negar que tengo dentro una rabia soterrada, que parece la de un perro venenoso. Rabia e impotencia. Pero la llevo con buen humor. Y no es rabia contra nadie en concreto. Es una rabia sorda, indefinida y sin destinatario. A veces le interpelo a Dios. Pero en realidad es El quien me interpela a mí constantemente. Ultimamente le estoy diciendo muchas veces que, aunque fracase en todo, no pienso dejar de estar con los pobres. Ya sé que en la Iglesia hay muchos que son religiosísimos, piadodosísimos y santísimos, que viven sin cometer ni pecados veniales y que tienen a los pobres como Lázaro, ocultos debajo de su repleta mesa, porque ni siquiera los ven. Quizás tengo una rabia sorda contra un cristianismo que se ha olvidado de la verdadera Navidad. El día del atentado de las torres gemelas -que hay que condenar sin paliativos- murieron en el mundo 35 mil niños de hambre, como todos los días; y probablemente otros tantos adultos, como todos los días. Y nadie hace duelo ni conmemoraciones ni celebraciones por ellos. Quizás me dan rabia los que no se enteran de esta realidad, como Epulón el de la parábola de Lázaro, y sienten en cambio ternura por el enfermito de leucemia que aparece en toda la prensa mundial, al que le trasladan en un avión especial a miles de kilómetros de distancia "para salvar una vida". Las otras vidas son gusanos. Tendré que examinarme bien y pedir a Dios que me cure, porque las rabias son como la sarna: pican sobre todo al que la tiene. Pero yo quisiera seguir con los pobres siempre, incluso curándome de la rabia. Me preocupa que me puedan acaparar los no pobres, a quienes les gustan mucho mis predicaciones, mis eucaristías y mis confesiones. Al parecer no lo hago nada mal. ¿Qué les parece mi vanidad? A mí no me preocupa lo más mínimo: me preocupan los pobres, que son la mayoría.
Les decía que estoy de bueno humor. Casi siempre, a pesar de esas rabias soterradas. Hemos recibido recientemente un golpe bajo, que nos ha dejado temblando y casi sin respiración, cuando el Gobierno Vasco nos ha negado dos importantes subvenciones destinadas a zonas destruidas por los terremotos y a realojados. Bueno, esto le ocurre a cualquiera que trabaja como nosotros: un año le dan subvenciones y otro año no. Así que, después del primer dolor, lo tomamos deportivamente. Lo siento por los de Armenia, la ciudad más destruida por el primer terremoto, donde íbamos a construir un mercado, una escuela y un puente; y por los de Colón, donde íbamos a hacer cien casas para realojados. Hay que buscar otros financiadores, ¡qué remedio! Lucharemos. No hemos perdido el buen humor ni las ganas de seguir luchando. Además, nos va a costar mantener el 'chiringuito' que hemos montado en esta casa, quiero decir la oficina y los trabajadores pagados que tenemos, pocos para la cantidad de cosas que aquí se hacen. A ver cómo salimos de ésta.
El año de los terremotos le ha traído por añadidura a nuestra casa esta mala noticia. Pero los terremotos han despertado muchas solidaridades, que nos han llevado a alabar a Dios y que nos han obligado -sobre todo a mi compañero Urriza- a trabajar a todas horas para aliviar necesidades. La metamorfosis de mi hermano Urriza es curiosa: primero fue químico; después teólogo y ahora constructor: no sé cuántas casitas ha hecho. Seguimos también con los becarios, aunque, a medida que suben de grado, disminuye su número, porque la beca es mayor. Aún no llegamos a lo de Filipinas -obra de Miguel y Agustín-, donde tienen incluso unos cuantos universitarios; pero seguimos sus pasos. Desde enero o febrero vamos a tener dos universitarias que serán 'trabajadores-estudiantes'. Uno siente pena al ver a otros solicitantes para quienes no llega el dinero. Porque la subida de cada beca escolar va, desde primaria a bachillerato y universidad, en proporción de uno a tres y a siete. Todo se andará. Yo, tranquilamente, confío. Por cierto: recuerdo que tengo que escribir a un instituto de Valladolid y a unos niños del barrio San Ignacio de Bilbao. Se me olvidan algunas cosas. Son los chips, que están un poco viejitos.
Perú nos ha enviado este año a una licenciada que tiene vocación
de consagración a Dios. Y es posible que próximamente nos
envíe otra. Nosotros esperamos tener aquí pronto dos muchachos.
Perú tiene más. Y Filipinas va en cabeza también en
esto: Miguel ha abierto una casa de chicas y otra de chicos. Son noticias
muy buenas, porque esta gente podrá dedicarse más a los pobres.
Por lo demás, nuestra vida sigue. Hemos inaugurado una clínica asistencial; siguen las obras de aguas y carreteras; pronto comenzaremos una más de electricidad. Ha comenzado un nuevo grupo de Jóvenes Solidarios -organización juvenil de nuestro movimiento-; precisamente estos días están organizando fiestas de Navidad para niños de zonas marginales: creo que les van a faltar juguetes para todos. Además varias personas mayores se están interesando por lo que hacemos. Lo que no crece es el número de nuestros voluntarios. Ahí también nos aprieta el zapato.
Así nuestra vida quiere ser una Navidad continua, en la que están presentes 'Jesús y los pobres'. Este es nuestro lema y el resumen de nuestra vida. Por la mañana, cuando pasamos un rato largo en oración, nos vamos llenando de ambos; y cuando andamos por las zonas marginales, también; porque el Señor anda disfrazado de miseria por esos barros, más que por cualquier otra parte. Vivimos con alegría y con esperanzas. Somos una gota de agua en el mar del dolor, pero una gota sonriente. Creo que nuestro amor crece de día en día, como una presencia de Dios, dolorosa y navideña al mismo tiempo. Os deseamos a todos algo parecido. A las parejas, a los jóvenes, a todos nuestros compañeros y amigos. Dentro de poco comenzará a salir, si no ha comenzado ya, una página WEB de Acción Solidaria, a la que os invitamos a asomaros. Ahí podréis tener noticias nuestras. Comunicad esta iniciativa a vuestras amistades. Yo enviaré con frecuencia materiales diversos, sobre todo referentes a los evangelios.
Ahora me despido, con un abrazo grande y redondo, cariñoso y alegre, en el que espero que os llegue algo de la alegría navideña del Señor, porque El está siempre en medio allá donde hay un poco de amor. Y, como sabéis, es el único que no estorba cuando se pone en medio. Que El os bendiga a todos y a cada uno.
P A T X I
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