Carta
de Miguel Ángel Remírez desde Filipinas (13 dic 2001)
Cebú City, Navidad 2001
Queridos amigos/as: Una vez más la Navidad me proporciona la ocasión de ponerme en contacto con vosotros. Desde estas queridas tierras filipinas, un saludo muy cordial para todas/os junto con el deseo de que paséis unas MUY FELICES NAVIDADES en compañía de vuestras respectivas familias. Que Jesús de Nazaret que se hizo hermano nuestro por su solidaridad incondicional con todos y cada uno de nosotros sea la inspiración de vuestras vidas. Que él traiga alegría vuestras vidas, paz y felicidad a vuestras familias y consuelo y ánimos a quienes atravesáis por momentos difíciles.
Como esta es la única ocasión del año en que me pongo en contacto con algunos de vosotros, voy a hacer un repaso del 2001 a través de las experiencias más significativas del año, tal como yo las he vivido. Voy a destacar especialmente los aspectos positivos porque, a través de ellos, se me hace más viva la cercanía de la Navidad.
La imaginación y el recuerdo me llevan inconscientemente a revivir la pasada Navidad. Qué Nochebuena tan feliz la del año 2000 en compañía de algunas de las familias más pobres del barrio! Agustín y yo les invitamos a cenar porque, de otra manera, la Nochebuena hubiera sido una noche cualquiera para ellas, es decir, una noche sin apenas bocado que llevar a su boca. A cambio, ellas nos regalaron con su compañía, sus cantos y su alegría que es pan para el espíritu. También este año repetiremos la experiencia y haremos un intercambio de corazones. Algunos ya se han invitado con anticipación.
Las vacaciones de verano -en Filipinas abril y mayo- me depararon uno de los momentos más felices del año. Durante una semana Agustín, yo y la asistente social nos fuimos de campamento con cincuenta de nuestros becarios de bachillerato y de universidad a uno de esos pequeños paraísos -entre río y mar- que todavía quedan en la isla de Cebú. Nuestros chavales/as disfrutaron a tope. Yo disfruté de la naturaleza como hacía tiempo no disfrutaba. Pero lo que más feliz me hizo fue comprobar que nuestros becarios de universidad eran capaces de llevar el campamento ellos solos y que cada día funcionaba casi a la perfección. Fue la primera constatación seria de que nuestro trabajo comenzaba a dar frutos. Esta experiencia me hizo soñar en el día en que esta gente joven tome las riendas de Acción Solidaria en Filipinas y sea capaz de encarnar el espíritu solidario en la carne filipina. De hecho, los mismos jóvenes que llevaron la responsabilidad del campamento han sido los responsables a lo largo del año de nuestras actividades con la gente menuda en los barrios donde trabajamos.
Septiembre nos trajo dos acontecimientos importantes. El primero, la inauguración del edificio de Alayon Papel financiado por el Gobierno Vasco pero hecho realidad con el esfuerzo, el tesón y no pocos disgustos de Agustín. La inauguración nos dio la oportunidad de invitar y juntar a amigos a quienes no veíamos desde hacía tiempo. Recibimos abundantes felicitaciones. El segundo acontecimiento fue la despedida de Agustín pocos días antes de su traslado a Madrid para continuar sus estudios de teología. Dicha despedida nos brindó la ocasión de constatar los lazos de afecto y amistad que hemos ido creando a lo largo de los últimos años. Unas cuatrocientas personas pasaron por nuestra casa el 17 de septiembre para expresar el cariño sincero que sentían por Agustín. Cantos, danzas y lágrimas llevaban el mismo mensaje: "Te queremos "Brother Agustín". "Balik-balik" (vuelve)". Agustín estaba francamente emocionado; no lo podía disimular. Luego, solos, en el silencio de la noche, Agustín y yo compartíamos nuestra felicidad comentando la participación de la gente. Durante los dos últimos meses, la ausencia de Agustín, me ha hecho recordar los muchos momentos felices que hemos pasado juntos. Lo voy a recordar especialmente durante la próxima Nochebuena. Desde que nos encontramos en Cebú, la Nochebuena ha sido un punto importante de referencia cada año. Durante ocho consecutivos años hemos compartido la Nochebuena con los pobres, primero con la gente del basurero de Cebú, luego con las familias pobres de nuestro barrio. Qué momentos felices hemos pasado juntos con los desheredados! Desde el primer año descubrimos que era mucho más lo que ellos nos daban que la comida que nosotros les ofrecíamos. Esta Nochebuena te echaré de menos, Agustín; la gente te echará también de menos y, seguro, tú no podrás olvidarnos.
El pasado mes de noviembre me trajo otra gran alegría: El comienzo de dos grupos vocacionales. Dos hombres y tres mujeres, todos ellos jóvenes profesionales, están haciendo una experiencia vocacional de cinco meses. No es fácil predecir resultados, pero puede ser el comienzo de una etapa que abra horizontes nuevos para Acción Solidaria en Filipinas.
Hasta aquí, los grandes hitos del año que se va tal como yo los he vivido. Pero esto no es todo. A lo largo del año he ido descubriendo que el ideal de solidaridad y hermandad que solemos asociar con la Navidad se hace realidad cada día. Cada día es Navidad. Recuerdo algunos ejemplos. Hace unos meses, en una de mis visitas a la familia de uno de nuestros becarios que es ciego, descubrí que dicha familia (pobre como todos nuestros becarios) había adoptado a una niña de pocos años abandonada por sus padres. Me descubrí ante ellos lleno de admiración. Sin planteamientos teóricos de solidaridad, esta familia pone en práctica lo que otros predicamos. Otro ejemplo de solidaridad lo encuentro en nuestra asistente social Myrna que hace un par de meses acogió y está viviendo con una de nuestras becarias que no tiene familia. Estos dos ejemplos nos muestran la verdadera cara de la Navidad. El 25 de noviembre murió la madre de uno de nuestros anteriores becarios. A lo largo de todo un año sobrellevó el cáncer que acabó con su vida con paciencia admirable, sin perder la paz, entregándose totalmente al Señor en medio de sus sufrimientos. Su fe nos ayuda a creer que hoy también es posible la Navidad. Hace menos de un año, mi compañero Agustín estuvo visitando casi a diario hasta el momento de su muerte a una mujer entrada en años que murió de inanición. Eso es también Navidad. Descubro también la Navidad en los lazos de amistad que muchos de mis estudiantes de psicología crearon entre sí a lo largo del pasado semestre a través de la asignatura de dinámica de grupos. La Navidad se me ha hecho cercana a lo largo del año a través de los muchos detalles que he recibido de personas que colaboran con Acción Solidaria aquí en Cebú y fuera de Cebú.
Vosotros, amigos/as, sois parte muy importante de mi Navidad si por Navidad se entiende ese ideal de solidaridad y de fraternidad que anida dentro de cada uno de nosotros. En buena medida, soy lo que soy, por vosotros. Mi mensaje hoy es muy simple: Sigamos creando lazos de fraternidad y de solidaridad alrededor nuestro; sigamos haciendo hoy Navidad.
Pido al Señor Jesús que se hizo solidario con nosotros que os bendiga y bendiga a vuestras familias con sus mejores bendiciones. Para todos vosotros y para vuestras familias
MUY FELICES NAVIDADES Y PROSPERO AÑO NUEVO / MALIPAYONG PASKO!
Miguel Angel Remírez
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